El gimnasio: Men sana in corpore sano

Juvenal tenía razón y uno se siente mejor cuando cuida tanto su interior como su exterior. Pero dejémonos de tópicos y vamos a lo que importa: he empezado a ir al gym de forma constante y ¡me gusta! :O … De verdad, no me lo creo ni yo, estoy pletórica con toda esta situación -y mi padre también-. Es algo que me sorprende muchísimo porque para mí el gimnasio o cualquier actividad que pudiera denominarse como “hacer deporte” era un verdadero suplicio y ¿sabéis qué? me he dado cuenta que era así porque se trataba de una imposición, de un “debería”. De algo que tenía que hacer porque tenía que dejar de estar gorda.

Os confieso que tanto hablaros de que hay que estar sanas y no delgadas, me llevo a reflexionar sobre por qué no hacía algo más de deporte para sentirme mejor -porque los años se empiezan a notar-. Nunca he sido una persona sedentaria, dado que no sé estar quieta y en mis rutina he disfrutado de muchas horas de yoga, porque me ayuda mucho a manejar mi obsesiva mente y me sentía muy bien respecto a la postura y mi flexibilidad. Pero adoraba a mi profe de yoga y se marcho a vivir a la India (que espero que la vaya muy bien y sea muy feliz) así que deje de practicarlo y ahora estoy buscando a alguien que entienda como yo lo entiendo -para mí es algo más espiritual que gimnástico-. Pues eso, que no es que haya pasado de nada a todo, sino que yo ya me movía bastante pero ahora me muevo más.

No he querido escribir esto hasta poderos asegurar que seguiré con mis rutinas de entreno de forma constante porque recibo grandes dosis de felicidad gracias a sentir que cuido mi cuerpo y las endorfinas que produce el ejercicio (¡Qué era verdad lo de las endorfinas! Os prometo que no me lo creía). Por si os ayuda, estas son algunas de las cosas que hacen que mi visita al gym mole:

– He encontrado un gimnasio donde no hay mucha gente y todo el mundo va a sudar (y no a sociabilizar)
– Voy a la hora a la que hay menos gente porque odio esperar.
– Llegue, le explique mi vida a los monitores y hemos quedado en una rutina para estar más sana, no para adelgazar (me encantó la sonrisa de una de ellas al oírme hablar así)
– Me hice una lista de reproducción con música que me encanta que hace que todo sea mucho más guay. (Podéis escucharla aquí)
– La ducha de después con cremas geniales ayuda a querer ir al gym (pero es que creo que tengo un problema con los cosméticos no resuelto).
– Uso un sujetador y un top deportivo (esto es consejo para las que tienen mucho pecho).
– Me compre ropa de gym con la que me veo estupenda… es decir, nada de camisetas viejas y anchas y pantalones horribles, queréis que sea algo que os apetezca hacer y veros bonitas ayuda.
– El único reto es superarme a mí misma. Me da igual que los demás puedan poner la bici más alta o hagan más kilómetros. Eso sí: cada día un poco más.
– Me da igual si quemo 200 o 1000 calorías
– Ya que voy al gym, he pedido ejercicios para mejorar mis zonas conflictivas y esto me motiva, porque ya noto los resultados (tenía los brazos y la zona del abdomen que había que hacer algo).
– Buscar a alguien que os acompañe al gym. Pero nada de ir con una amiguita y charlar todo el rato: vais a sudar y mientras se sufre -un poquito- no se charla -mucho-. Hacer un pacto, es más un momento con vosotras mismas que con los demás pero ir con alguien ayuda a superar la pereza de “quedarte durmiendo la siesta”
– Confieso que hay unos tatuajes -propiedad de alguien con brazos torneados- que me motivan bastante, así que si coquetear un poco os ayudan a volver cada día al gym aprovecharos de ello ;)
– La actitud lo es todo. Estas allí para cuidarte y mimar tu cuerpo, así que sonríe e invierte energía en superarte a ti misma, el esfuerzo valdrá la pena, te lo prometo.

Pues eso, queridas, que empecéis a mover el culo. Os prometo que estaréis mucho más contentas y os sentiréis mejor.

* La imagen es porque me estoy pensando añadir alguna hora de piscina ;)

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