Hola, me llamo Ana y soy gorda.

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Siempre he sido gorda. En realidad no, eso no es cierto, si miro mis fotos de cuando era pequeña y adolescente, me doy cuenta de que no es así. Excepto una época durante los 9 y 10 años en la que estaba más rechoncha, si me veo a los dos, los cinco o los siete años la verdad es que no estaba (para nada) gorda. A los quince estaba decididamente delgada. Entonces, ¿por qué tengo la sensación de que siempre he tenido sobrepeso, si no es cierto?

Por que es la imagen que recibía de los demás. Soy alta, lo bastante para haber sido siempre la más alta de la clase y causarme una escoliosis por ir encorvada para parecer más baja, tengo la cara redonda y una vez que alcancé la adolescencia, un escote más que importante. Todo esto ha hecho que siempre haya sido la niña grandona, la gordita (y además cuatro ojos), la sanota, parecer aún más grande de lo que soy. Aunque ahora retrospectivamente me vea y me parezca que era una niña normal, y una adolescente delgada gracias a años y años de dieta, siempre he tenido muy clara que la etiqueta que me definía era esa: gorda.

A los diez años, como estaba gordita, me llevaron al endocrino para controlar mi peso, por eso durante muchos años estuve delgada. Mis padres me ayudaban con la dieta y me animaban a hacer ejercicio, sin embargo, esos años en lugar de animarme a continuar por  ese camino me hicieron pasarme “al lado oscuro”. En cuanto crecí y me independicé decidí que prefería comer lo que quisiese y estar gorda que tener que controlarme todo el tiempo. Me gusta demasiado comer y demasiado poco correr… pero no solo es eso: ¿qué ventaja tenía estar a régimen y pesar poco si nunca iba a estar lo suficientemente delgada para el mundo?

Os cuento todo esto por que mi relación con los kilos de más nace de estas experiencias, de cómo he elegido aprender de ellas que no puedes dejar que los demás te digan quién eres si no que eres tú quien decides quien vas a ser. A partir de ahora seré parte de Soy Curvy, y me alegra muchísimo poder compartir con vosotros todas estas experiencias, y cómo me relaciono con la ropa y la comida, entre otras cosas. Por que creo que nos maltratamos demasiado y que se puede ser una persona feliz y completa en todos los aspectos estando, como yo lo estoy, gorda.

*La foto es de Heather Hazzan, una modelo plus size con una historia muy curvy

Mata la ansiedad, deja de sentirte gorda

Como ha pasado con Doublecloth voy a reactivar este blog, ya era hora, lo sé, pero necesitaba tiempo para pensar y ordenar ideas. Os voy a contar un secreto, Soy Curvy no me ha dado más que alegrías porque me hace sentirme muy útil, solo recibo buenos comentarios y felicitaciones, además de montones de mails con información para que la comparta con vosotros, así que he decidido que merecéis recibir algo más por mi parte (aunque solo sea empezar a actualizar de forma más o menos constante).

Hoy vamos a hablar de un problema común a todas las chicas curvys. En realidad, creo, que nadie quiere estar gordo, no es sano, te sientes pesada y la ropa no te sienta como te gustaría, además se añaden problemas del “ser diferente” y tener que aguantar al médico que, aunque tengas los análisis perfectos, te va a echar la bronca cada vez que vas a verle, aunque sea por un simple catarro (que yo lo entiendo, que es su trabajo, pero agota bastante). Pues eso que no queremos tener sobrepeso pero lo tenemos. Y una de las razones fundamentales, si excluimos problemas físicos, es la ansiedad. Cada uno soluciona sus angustias vitales (con las que todos los seres humanos lidian) a su modo y algunos comen más de lo que deberían y, además, no tienen el mejor metabolismo del mundo, esto es así.

Y todo este parrafazo para explicar que eso es algo que nos pasa a todas y que tenéis que dejar de luchar contra ello. Que una se tiene que reconocer como es, dejar de sentirse gorda (en el sentido peyorativo del término) y aceptar que tal vez nunca será como una modelo. Cuando lo haces todo empieza a ser más fácil, os lo aseguro. Y, de repente, dejas de necesitar comer para arreglar alguno de tus problemas. Vamos a ser francas, aquí intento serlo todo el tiempo, esa bolsa de patatas que te comes tras un “mal día” no soluciona absolutamente nada y ni siquiera tenías hambre antes de empezar la bolsa, ante esta situación puedes hacer varias cosas:

– Comerte la bolsa de patatas y sentirte gorda

– Comerte la bolsa de patatas y aceptar que tenías un mal día, que tal vez no debías haberlo hecho pero que tampoco se va acabar el mundo por eso.  Aceptarte tal y como eres.

– Encontrar una estrategia para no llegar al punto en que la ansiedad te domine.

Y al leer esto pensaréis, muy bien, elijo la tercera opción pero ¿qué hago? Ante esto solo puedo responder que vas a tener que aprender y escuchar a tu cuerpo para encontrar tu propia estrategia. Yo os voy a contar la mía, que no es ni mejor ni peor que alguna otra, pero, de momento me esta funcionando (tanto, tanto que he perdido unos 5 kilos (no me peso así que no sé cuanto será) y he dejado de sentirme ansiosa todo el rato).

Hace un mes tomé una decisión, me levanté una mañana y decidí que había llegado el momento, a partir de ese día no volvería a comer carne de animal. No por salud  (si es cierto que me sentía un poco embotada, como contaminada) sino por convicciones personales. Para mi sorpresa los cambios fueron inmediatos y a la semana tenía el pelo más bonito que nunca y la piel más suave, pero, además, la ansiedad ha desaparecido. Yo lo achaco a las cantidades ingentes de fibra que como en todo momento, que debe de mantener mis niveles de glucosa estables y hacen que no tenga picos de hambre voraz. No sé cual es la razón, no sé si se debe a que me siento mejor conmigo misma por no matar a animales para alimentarme, no lo sé. La cuestión es que a mí me funciona, no creo que alimentarse así sea ni más ni menos sano que hacerlo de otra forma pero si me he dado cuenta que uno debe escuchar a su cuerpo, tiene que aprender a descubrir qué es lo que te sienta bien o mal, a cuidarlo y tratarlo con cariño (solo el te acompañará el resto de tu vida).

Con este post no quiero incitar a nadie a tomar decisiones sobre su alimentación (es más, ser vegetariano no es una decisión que debáis tomar a la ligera, hay que aprender a comer de forma equilibrada y aceptar que nuestra sociedad no está adaptada a comer verde) sino explicaros que se pueden superar los pequeños problemas del día a día si buscas salidas y te escuchas un poco más. Os animo a conversar con vosotros mismos (por muy pedante que pueda sonar esto) y decidir qué cosas son importantes para vosotros y cuales no, 100% comprobado que eso disminuirá en gran medida la ansiedad.

Y dicho esto, estoy deseando escuchar vuestros comentarios al respecto

Pd. Tranquilos como proteínas, suficiente cantidad de B12 y muchos muchos minerales jejeje